El mango por la sartén por Jordi Garrido

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04Abr

Jordi GarridoUn nuevo artículo del director y profesor del IMBA,  para La Vanguardia. Esta vez Jordi hace una reflexión sobre la crisis.

El mango por la sartén

Si, ya lo sé, está al revés, pero no me he equivocado. Antes del Apocalipsis, cuando creíamos que éramos ricos, e incluso algunos economistas manifestaban públicamente que los ciclos económicos ya se habían terminado y que ya no volveríamos a padecer épocas de crisis, muchas empresas no podían crecer más deprisa únicamente por la falta de personal.

Era una época en la que existía plena ocupación técnica (desconfíe de los datos de desempleo de entonces) y en consecuencia las empresas tenían dificultades para incorporar personal cualificado en unas estructuras que crecían a marchas forzadas, tratando de alcanzar un crecimiento impuesto por los mercados.

En otras palabras, estábamos en un mercado de oferta en el que la cantidad de puestos de trabajo a cubrir excedía la demanda de empleo y, por tanto, eran los trabajadores los que tenían la sartén por el mango y establecían la referencia de los salarios.

Ahora nos encontramos en un mercado de demanda, donde la cantidad de personas que buscan empleo excede el número de puestos de trabajo a cubrir. Ahora son las empresas las que fijan la referencia de los salarios y el perfil adecuado a cada puesto.

Posiblemente haya algunas empresas que estén aprovechando el momento, pero la inmensa mayoría lo están pasando tan mal que deben ajustar al máximo sus costes de estructura y, por ende, los salarios.

Por tanto, alguien podría afirmar que ahora son las empresas las que tienen la sartén por el mango, pero nada más lejos de la realidad. Nuestra sociedad y nuestro tejido empresarial son los grandes perjudicados por una situación laboral que está obligando al talento a abandonar el país y a buscar oportunidades en otras latitudes, más allá de nuestras fronteras.

Por desgracia, esta misma situación ya la vivimos en el Estado español durante muchas décadas, cuando los estudiantes, los profesionales y los científicos brillantes no tenían futuro en un país pobre en cultura y en recursos.

¿Qué hemos aprendido durante todos estos años? Por lo que parece, más bien poco.

Alguna vez he oído en los medios de comunicación a algún líder de opinión y a algún político decir que el Estado español es rico en creatividad y que eso es un bien exportable.

Eso es una memez. La realidad es que no hemos sido capaces de crear un tejido industrial, tecnológico, académico y científico que permita a nuestra economía diversificarse y ser más robusta, pero sí que es cierto que hemos tenido la suficiente creatividad para utilizar los fondos europeos y los recursos financieros para pagar subsidios, subvenciones, comisiones e infraestructuras faraónicas de servicios de dudosa o nula rentabilidad.

¿Quién tiene ahora la sartén por el mango? Lo que ahora tenemos, otra vez, es el mango por la sartén.

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