Ana toma café, y Carlos prefiere un gintonic

Esta noche, antes de irte a la cama, haz un ejercicio de reflexión: ¿con cuántas personas te has relacionado hoy? Si inicias tu exploración desde primera hora de la mañana, seguramente obtendrás una lista numerosa. Simplemente una lista.
Ahora detente en cada una de las líneas de esta lista: ¿cómo te has relacionado con cada una de estas personas? ¿Con qué intención? ¿Cuánto tiempo has pasado con cada una de ellas? ¿Qué sensación te ha dejado?
Cuando te aproximas a ella, la lista deja de ser simplemente una enumeración, y cada persona se dibuja con sus características, sus intereses y sus necesidades particulares. Y aquí empieza lo interesante.
Cuando nos planteamos un proyecto UX, debemos saber cuáles son los objetivos del proyecto, los requisitos y limitaciones, las necesidades del cliente… pero también necesitamos conocer a fondo a quienes van a utilizarlo, es decir a los usuarios. Como en nuestra experiencia diaria, los usuarios tienen características, necesidades y objetivos propios, y si queremos que nuestro producto responda a ellos, debemos conocerlos.
Al fin y al cabo, si no hay usuarios, no hay producto.
Al principio del módulo 3 hemos explorado diversas técnicas de análisis, que nos permiten conocer y describir a los usuarios de nuestro proyecto. El objetivo ha consistido en definir las user personas (perfiles de usuario) y el contexto de uso (escenarios y user journey).
Una vez conocemos a nuestros usuarios, tenemos más pistas para avanzar en los siguientes pasos. Ahora podemos saber qué contenidos son los más relevantes, y qué estructura general va a tener el proyecto. Se trata, pues, de definir la arquitectura de la información, para lo que podemos pedir ayuda de nuevo a los usuarios. Técnicas como el cardsorting nos permiten definir una arquitectura que se aproxime a las expectativas reales de la mayoría de personas que van a utilizar el interactivo.
Y, volviendo a las personas con las que te has relacionado hoy, si te detienes a analizarlo comprobarás que tu tono de voz o tu registro se han adaptado a lo largo del día, dependiendo de con quién interactuabas, o del contexto en el que se desarrollaba la conversación. Un interactivo también tiene un tono de voz; es el punto en el que el diseñador UX, como arquitecto de la información, empieza a trabajar los nexos emocionales con el usuario, y se sienta con él a tomar un café. O, pensándolo mejor, pide un par de gintonics.
Profesora del Módulo 3: Conceptualización de producto
PUX – User Experience Postgraduate
Postgrado en usabilidad, accesibilidad y experiencia de usuario
Edición 2014-2015
La Salle Campus BCN – Universitat Ramon LLull