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09 Febrero 2026 | Publicado por angela.tuduri

Cómo pensar en la era de la IA (y por qué importa)

La tecnología está cambiando la forma de estudiar, trabajar y relacionarse, y por qué la filosofía vuelve a ser clave.

La tecnología ya no es solo una herramienta: es el entorno en el que crecen los jóvenes. Estudian con IA, trabajan con algoritmos, se relacionan por pantallas y toman decisiones influidos por sistemas digitales que recomiendan, filtran y priorizan por ellos. Todo es más rápido, más automático… y a veces más confuso. 

En este contexto, muchas preguntas aparecen de forma natural: ¿qué estudiar si todo cambia tan rápido?, ¿cómo destacar en un mercado laboral automatizado?, ¿qué pasa con nuestras relaciones cuando todo pasa por una app? Aquí es donde la filosofía, lejos de ser algo antiguo, empieza a cobrar un nuevo sentido. 

La tecnología y la vida cotidiana de los jóvenes 

Estudiar en tiempos de IA 

Hoy muchos jóvenes usan inteligencia artificial para resumir apuntes, resolver dudas o preparar trabajos. Esto ahorra tiempo, pero también plantea un reto: ¿estamos aprendiendo o solo ejecutando? La facilidad de acceso a respuestas hace que pensar por uno mismo sea más necesario que nunca. 

La filosofía ayuda precisamente a eso: a formular buenas preguntas, a dudar, a conectar ideas y a no aceptar cualquier respuesta sin analizarla. 

Trabajo: menos certezas, más decisiones 

El mundo laboral ya no promete trayectorias lineales. Muchos puestos cambian o desaparecen, mientras surgen otros nuevos que aún no tienen nombre. Para los jóvenes, esto genera incertidumbre, pero también oportunidades. 

En este escenario, las empresas valoran cada vez más habilidades humanas: pensamiento crítico, capacidad de análisis, comunicación, ética y adaptación al cambio. Competencias que no se automatizan fácilmente y que la filosofía entrena de forma directa. 

Relaciones, redes y pantallas 

La tecnología también influye en cómo los jóvenes se relacionan: amistades que nacen online, vínculos mediados por redes sociales, debates filtrados por algoritmos y una exposición constante a opiniones y comparaciones. 

La filosofía aporta algo esencial aquí: parar y reflexionar. Pensar sobre identidad, libertad, presión social o sentido de pertenencia ayuda a construir relaciones más conscientes y a no dejar que la tecnología decida por completo cómo nos vemos y cómo vivimos. 

El auge de la filosofía como contrapeso tecnológico 

En un mundo dominado por la velocidad y la automatización, la filosofía gana fuerza como espacio para lo contrario: pensar despacio, cuestionar y comprender el impacto de la tecnología en la vida humana. 

No se trata de rechazar la IA, sino de aprender a convivir con ella sin perder criterio, valores ni autonomía. Por eso, cada vez más jóvenes se interesan por la ética, el pensamiento crítico y la reflexión sobre el futuro: no como teoría abstracta, sino como herramientas prácticas para orientarse en un entorno cambiante. 

Formación para pensar el presente (y el futuro) 

Existen opciones formativas que conectan directamente estos debates con la realidad actual, como el Grado en Filosofía de La Salle Campus Barcelona, que aborda cuestiones contemporáneas —tecnología, ética, sociedad y pensamiento crítico— desde una perspectiva aplicada y cercana. Una formación pensada para quienes quieren entender el mundo en el que viven y participar activamente en él, más allá de seguir tendencias o algoritmos. 

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